Perdida

Algunas ideas claves para la Pedagogía de la Muerte

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Extraído de: Vicenç Arnaiz. (2003). Aula de Infantil. [Versión electrónica]. Revista Aula de Infantil 12

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Pedagogía de la muerte:

Definiríamos la pedagogía de la muerte como el conjunto de propuestas metodológicas, ideas, habilidades y actitudes que permiten a los niños y a las niñas dotarse de herramientas intelectuales y afectivas para aproximarse a la comprensión de la fragilidad humana, de su vulnerabilidad, y así poder vivir dando un sentido a la vida ajustado a su verdadero valor. No es responsabilidad exclusiva de la escuela, pero la escuela es un buen nido.

Algunas claves para la pedagogía de la muerte:

Lo primero que se necesita para poder hablar de la muerte con los niños y las niñas es aceptar que no tendremos respuestas a todo. Entender la muerte exige aceptar la incertidumbre. Incertidumbre de la vida, incertidumbre de las respuestas al respecto, incertidumbre del sentido… Querer estar seguros nos exigiría mentir. De la muerte, o hablamos sinceramente o mejor callar. Una segunda cuestión es no esperar a hablar de la muerte a que sea tan próxima que los sentimientos nos ofusquen. Hay muchas ocasiones para hablar de la muerte y de lo que la rodea. La muerte de un conocido, una visita al cementerio, la observación de un entierro, la muerte de la mascota, la semilla sembrada, la noticia que conmueve… son ocasiones que hay que aprovechar para hablar con el niño del tema y facilitarle el acceso comprensivo a todos los aspectos (sociales, religiosos, biológicos, ecológicos, históricos…). Cuando la muerte nos toca de cerca tenemos que enseñar a hacer el duelo, facilitar la integración de la pérdida. Y eso exige otros referentes. Una tercera cuestión es que hay que hablar con claridad, sin esconder las palabras. Hay que utilizar las palabras muerte, difunto, cadáver, ataúd… No las disfracemos con eufemismos como “descansar”, “dormir”, “ha ido de viaje”. Provocaríamos confusión. El significado de la muerte y de la vida ya es suficientemente confuso. Si además lo envolvemos o lo disfrazamos, acabaremos creando equívocos. Una cuarta cuestión es no convertir nunca a los muertos en vigilantes, ni utilizarlos como chantaje (“seguro que él lo querría…”, “te está mirando…”) porque haríamos muy difícil la adquisición de una ética razonada y de una moral autónoma, que son siempre fundamento de equilibrio personal. Ni utilizar el miedo a los muertos y a la muerte como una amenaza inminente. Educar para la seguridad vial, por ejemplo, no tiene nada que ver con implementar una neurosis de riesgo. La muerte como realidad amenazadora impide vivir. Una quinta cuestión es que la muerte de los seres vivos que nos rodean, los animales y las plantas, puede aprovecharse fácilmente para hacer evidente el ciclo de la vida, que tiene en un extremo el nacimiento y en otro la muerte. La naturaleza está llena de estos ciclos: el ciclo del agua, del día y la noche, de las estaciones del año… No tendría sentido educar a los niños haciendo evidentes todos los ciclos menos el que más emociones despierta en nosotros: nuestro propio ciclo vital. Hablar de él con calma, sin miedos enfermizos, ayuda a entender. Y entender ayuda a vivir con plenitud. Una sexta cuestión es que la muerte y la vida, además de ser hechos biológicos, están cargadas de simbolismo y han sido siempre centro de reflexión profunda de los individuos y de los pueblos. Como madres y padres tenemos que transmitir a nuestros hijos e hijas el sentido que les damos, transmitiendo los sentimientos y los convencimientos filosóficos o religiosos que tenemos. Como maestros y maestras tenemos que facilitar la expresión y el conocimiento de los diferentes posicionamientos. La diversidad ayudará a comprender más su originalidad. Una séptima cuestión es que hay que reconocer que la muerte está rodeada sobre todo de sentimientos… No tiene sentido esconder a los niños los sentimientos que nos produce a las personas adultas la muerte de amigos, vecinos, familiares… Vernos emocionados y expresando con palabras nuestros sentimientos les ayudará a entender y a vivir en paz los suyos. La pedagogía de la muerte no es una pedagogía indolora, sino una pedagogía que asume el dolor, la tristeza… como parte de la existencia humana. Los niños necesitan saber que vivir no es sólo ser feliz, que el dolor también forma parte de la existencia. Una octava cuestión es que la muerte está vinculada a unas causas. Es bueno que los niños y las niñas conozcan las causas: enfermedades graves, grandes accidentes…, y que no la atribuyan a pequeños incidentes ni a enfermedades irrelevantes. Una novena cuestión es que es bueno que los niños y las niñas tomen la iniciativa de hablar de la muerte. Sin embargo, si ellos no entran en esta temática, somos las personas adultas las que debemos abordarla. Ellos a veces también tienen miedo y esconden los interrogantes y las inquietudes de la conciencia. Una décima cuestión es que la pedagogía de la muerte tiene que ver con la pedagogía de la finitud. Nadie es finito. La pedagogía de la muerte se apoya en la pedagogía del tiempo. Sólo tenemos un tiempo, el nuestro. No se nos concederá ningún otro tiempo y hay que aprender a emplearlo. Saber hacerlo da intensidad a la propia historia. Las respuestas a los interrogantes que se plantean alrededor de la muerte llenan de sentido la vida. Saber que la muerte existe da sentido a la vida. La pedagogía de la muerte tiene que ver con buscar y construir el sentido de la vida.

La Pedagogía ante la Muerte

Didáctica de la Pérdida y el Duelo.

Si es de todos y todas consensuado que la educación obligatoria persigue entre otras metas el desarrollo integral del educando en todas sus dimensiones, ello debe incluir el conocimiento propio que permita descubrirnos, comprendernos y aceptarnos, así como descubrir, comprender y aceptar al otro; dicho de otro modo, orientar en la construcción de un sistema de valores que permita al discente dar sentido a su vida así como convivir en el respeto, la solidaridad y la compasión. Si tal premisa es asumida por la educación formal la muerte, como contenido y programación curricular, debería ser atendida en los planes educativos así como incluida en los programas de formación de los futuros docentes.
En nuestra sociedad, realidades propias de la condición humana como el sufrimiento, el dolor, la enfermedad y la muerte son, por un lado, negadas y ocultadas, cuando estas acontecen en el plano personal e íntimo de la cotidianeidad; y por otro, se han convertido en espectáculo e instrumento de control cuando acontece en el plano público, como podemos observar, por ejemplo, en la banalización del contenido violento que ostentan la mayor parte de los productos audiovisuales destinados a un público infantil y juvenil.
Encontramos que la muerte, el dolor y el sufrimiento están presentes en todos los días en nuestras aulas; son innegables las contingencias en las que irrumpe de una u otra forma en nuestra cotidianeidad y son fundamentales las estrategias que podamos ofrecerles a nuestros alumnos en el crecimiento ante la adversidad.
En la construcción del yo autoconsciente que nace desde las emociones, y que nos permite descubrirnos en relación al “otro”, la construcción de los vínculos y las habilidades de regulación ante las pérdidas, son la piedra angular en nuestro desarrollo madurativo.
La educación, en tanto en cuanto, persigue contribuir a la formación integral de la persona puede y debe incluir la normalización de la muerte. El respeto, la solidaridad y la cooperación son junto a la generosidad, la ternura y el compromiso, cualidades propias de las complejas relaciones que se dan entre las personas y que conforman, a través de la crítica y la autocrítica, la base del sentimiento humano del amor, pero es sobre todo la conciencia de finitud la que otorga profundidad a nuestros actos y da sentido a la vida. La atención al constructo de la muerte como contenido pedagógico en el aula favorece no solamente el desarrollo de la madurez personal del alumnado, sino que también, promueve la participación y mejora el clima en el aula.

Guías para tratar en el aula la perdida de un ser querido.

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Hoy me ha pasado mi amiga Rebeca Gainzarain un par de documentos muy interesantes que espero os puedan servir como guías de actuación con niños ante la perdida de un ser querido.

Por desgracia en alguna contada ocasión nos encontramos con un caso similar y necesitamos tener algunas pautas de actuación.

Aquí teneís dos documentos para poder confrontarlos y sacar lo mejor de cada uno. El primero es de varios/as expertos/as y está sacado de:

http://www.educacion.navarra.es.

El segundo es más extenso y de origen norteamericano y está escrito por Lynne Hughes y  Robin Gurwitch.

La Doctora en Pedagogía y experta en el duelo, Elízabeth Ransanz Reyes comenta:
El artículo es muy concreto y directo, muy recomendable para todos aquellos docentes que tarde o temprano afrontamos la pérdida en el aula, no obstante se echa de menos una parte preventiva de la educación para la muerte, aquella que apuesta…

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Duelo y pérdida. Educación y Acompañamiento Educación para el vínculo y la pérdida.

El hecho de trabajar en la escuela: la muerte, el duelo y la finitud, con las emociones que conllevan, ofrece unas herramientas a los alumnos que les serán de utilidad varias veces en la vida. El conocimiento y aceptación de estos hechos hace vivir la vida con más conciencia, con más plenitud.

Trabajarlo a partir de la mitología y rituales que le son propios, y hacer un pequeño viaje para conocer la diversidad de creencias, hace ampliar la visión y ayuda a facilitar la integración, aceptando y disfrutando de esta diversidad. En este sentido consideramos importante hablar de salud física y emocional y de cómo podemos actuar para favorecer el propio ciclo vital.

Somos un grupo de profesionales especializados en el acompañamiento y el asesoramiento en los procesos de duelo y pérdida. La importancia de que la escuela disponga de información básica para acoger a un alumno en el proceso de duelo o de otros, alrededor de la muerte, nos ha incitado a recopilar información para presentarla de una manera clara cómo herramienta de consulta.
El duelo y la pérdida 2º ESO

Las emociones que desencadena la muerte deben trabajarse en los centros educativos. Los niños y los jóvenes necesitan conocer y poner nombre, para poder entender, para no sentirse tan perdidos en ese trance. Para ayudar a conseguir estas metas hemos preparado una propuesta de actividades que realizaremos en dos sesiones para primero y segundo de la ESO.

Duelo y Pérdida. Educación y Acompañamiento. Educación para el vínculo y la pérdida. Objetivos y Contenidos

http://iespftutorias.blogspot.com.es/2015/01/duelo-y-perdida-educacion-y.html

Elizabeth Ransanz. Elena Morán. Eduardo Jiménez

LA MUERTE EN LA CONSTRUCCIÓN DE LA IDENTIDAD PERSONAL. INTERVENCIONES EDUCATIVAS EN LA E.S.O.  

 

La muerte es el acontecimiento vital que determina nuestra concepción del espacio y del tiempo. La emergencia de la conciencia humana está ligada a la experiencia de la finitud y es la actitud que poseemos  ante la muerte la que define nuestra actitud ante la vida.

La construcción de la identidad es un proceso racional y emocional que se da en un contexto de interacción social. Los comportamientos, las actitudes, las conductas que cada grupo social muestra ante el constructo de la muerte influyen en la construcción de nuestra identidad, entendida esta como conceptualización del proceso de desarrollo humano que se inicia en la conciencia de nosotros mismos en un contexto social y cultural concretos.

La tesis a continuación expuesta parte del supuesto de que el tema de la muerte es eludido y ocultado en nuestra sociedad, y más concretamente, en el espacio del aula escolar. El afrontamiento de la pérdida y la preparación para la muerte no son percibidos como competencias a desarrollar entre los objetivos curriculares, ni la muerte ni el duelo son acontecimientos a tener en cuenta en el diseño y planificación de la programación educativa de los centros.

La presente investigación pretende apoyar los estudios precedentes que defienden la inclusión del tema de la muerte en el currículum oficial de nuestro sistema educativo. El valor formativo del constructo de la muerte reside en la influencia que la experiencia emocional de la pérdida ejerce en el desarrollo de nuestra identidad. Este estudio tiene por objeto analizar experiencias pedagógicas sobre la muerte con el propósito de elaborar una propuesta de intervención en el ámbito tutorial que favorezca la adquisición de competencias relacionadas con la muerte y el duelo, así como  fomentar la normalización del tema en el ámbito educativo formal atendiendo al  proceso de desarrollo de la identidad emocional del alumnado.

Dadas las limitaciones de la investigación, nos hemos centrado en la consecución de objetivos relacionados con el desarrollo de  estrategias hipotético deductivas en la comprensión emocional de la muerte y  la elaboración de la pérdida así como en la comprensión de la reactividad emocional que produce y la expresión canalizada de dichas emociones. Trataremos igualmente de observar  la relación que estas variables poseen respecto a la formación integral de la identidad individual del educando, así como la incidencia de la inclusión del tema de la muerte y el duelo en el clima de la comunidad educativa.

En el diseño de la investigación el enfoque cuantitativo y el cualitativo se complementan. Podemos diferenciar, respectivamente,  técnicas de investigación pertenecientes al análisis descriptivo así como técnicas de investigación pertenecientes al diseño fenomenológico y transeccional.

La parte cuantitativa está situada dentro de la tipología de los estudios no experimentales y descriptivos perteneciente a la investigación ex post facto, que se centra en  el análisis de fenómenos en los que los elementos configuradores ya se han dado y, por tanto, no podemos ejercer ningún control. Respecto a la parte cualitativa compartimos con los diseños fenomenológicos el objetivo de conocer las percepciones y significados que la población de estudio otorga, en este caso,  al concepto de la muerte, por lo que se hace indispensable la utilización de herramientas metodológicas que nos permitan observar a cada uno de los participantes como una entidad única enmarcada en un contexto de interacción concreto.

El proceso investigador se ha estructurado, a fin de comprender su desarrollo, en tres momentos distintos. El primer momento o fase se corresponde con el análisis previo del objeto de estudio. Para ello hemos realizado una exploración descriptiva  del tratamiento de la muerte en el contexto educativo con la finalidad de centrar los interrogantes  de la investigación respecto a las principales dificultades observadas por la comunidad educativa a la hora de introducir el tema de la muerte en el aula.

Realizamos una búsqueda y  análisis de la  bibliografía existente en lengua castellana e inglesa respecto a la muerte en la escuela y procedimos a explorar las opiniones, concepciones y experiencias de distintos agentes educativos. Comenzamos con el análisis de las opiniones y concepciones de dieciocho docentes en activo agrupados en  dos muestras: una con formación específica en la atención a la muerte y el duelo en el aula, y otra sin formación específica. Para ello utilizamos la entrevista y realizamos  el análisis del contenido con el propósito de comparar las respuestas.

Tras esta primera aproximación se aplicó un cuestionario, referente a la normalización de la muerte en la escuela, a noventa futuros profesionales de la docencia en distintas especialidades, igualmente y tras un análisis estadístico descriptivo procedimos a la comparación de las respuestas.

Una vez analizadas las conclusiones extraídas en éste primer momento, y apoyándonos en los programas y acciones pedagógicas previas relacionadas con la normalización de la muerte en la escuela, iniciamos la  segunda fase que se corresponde con la diseño e implementación de la Unidad de Trabajo denominada “la Muerte en la Construcción de la Identidad Personal” incluida en el Plan de Acción Tutorial del Instituto Tecnológico Príncipe Felipe. La intervención educativa en cuestión constó de cinco sesiones en las que  participaron un total de ciento treinta y cinco alumnos y alumnas.

La última Fase se corresponde con la evaluación de la propuesta de intervención. En dicho momento  procede  la comunicación y exposición de los hallazgos de la investigación donde se analiza la relación de los elementos teóricos y la interpretación de los resultados obtenidos con el fin de redactar una serie de conclusiones y consideraciones finales previa evaluación del proceso investigador, lo que ha permitido el desarrollo de una propuesta formativa de intervención didáctica para el año lectivo posterior que engloba el primer y segundo curso de la ESO con un total de doscientos sesenta y ocho discentes.

Siguiendo el diseño de investigación anteriormente mencionado en el capítulo III abordaremos los objetivos y la metodología de la investigación. En el capítulo IV ahondaremos en el diseño y la elaboración del proceso, justificando en cada uno de los casos la metodología y los instrumentos utilizados en el análisis de los datos. El capítulo V expone las bases teóricas en cuanto a la educación emocional y el tratamiento de la muerte en el aula. Se detalla, en el capítulo VI, el proceso de intervención educativa llevado a cabo con alumnos y alumnas del primer curso de la ESO. Los capítulos VII y VIII recogen el análisis y las conclusiones de los datos obtenidos a lo largo del proceso de investigación. En el capítulo IX se recogen futuras líneas de investigación, y el capítulo X queda reservado para la evaluación de la investigación.

La evaluación del programa permite concluir que se adecúa a criterios de pertinencia, viabilidad y calidad, según la opinión de expertos, no obstante es de la opinión de los participantes en la investigación de donde extraemos nuestra principal conclusión: la emergencia de nuestra conciencia se debe principalmente a nuestra capacidad para establecer vínculos afectivos y es gracias a la conciencia de finitud que el concepto de valor adquiere su pleno significado, sobre ambos constructos, amor y muerte  se construye nuestra identidad, la finalidad de la educación formal debe contribuir a este desarrollo, eso incluye la normalización del tema de la muerte así como la inclusión efectiva y afectiva de todos sus miembros.

Tras la intervención realizada con los alumnos del primer curso de la ESO del Instituto Tecnológico Príncipe Felipe podemos concluir que la concepción del constructo de la muerte no es inherente al ser humano y depende, al igual que la actitud ante la vida, de cuestiones vinculadas con la cultura  y el contexto político y social que  enmarca las experiencias de cada individuo.

En nuestro contexto inmediato la educación formal no comprende la muerte como contenido susceptible de ser tratado, dejando sin respuesta una de las grandes cuestiones que todo alumno y alumna se plantea, contribuyendo, cada vez más, a la concepción de la idea de lo humano desvinculada de una de sus principales cualidades, la finitud, y permitiendo que los valores personales que podemos extraer de tal acontecimiento sean sustituidos por los  interesados valores de una sociedad de consumo.

Entendiendo que la finitud es uno de los aspectos esenciales que nos confieren las razones lógicas y emocionales en la conservación de nuestra  integridad y la de los que nos rodean, esta premisa es,  además, la clave para poder trabajar todas las áreas trasversales de conocimiento. Por otro lado la muerte sin ser tratada de forma específica subyace, en opinión de los profesionales docentes, en los contenidos de la mayor parte de las áreas curriculares troncales.

Las conclusiones extraídas por los alumnos y alumnas participantes de las sesiones respecto al valor propedéutico de la inclusión del tema de la muerte en el currículum apoyan la afirmación que sostiene la hipótesis de investigación y se resumen en las  siguientes aportaciones entre otras:

– Tratar la muerte en la escuela permite reducir las respuestas de miedo y ansiedad en las conversaciones cotidianas respecto al tema. El miedo a la muerte es en definitiva temer a la vida, la percepción de miedo ante la muerte  desencadena reacciones como la huída o la evasión, o por el contrario, provoca la  parálisis ante la vida que nos queda, el que vive sin temer la muerte posee un horizonte donde vivir cada momento merece la pena.

– Incluir el tema de la muerte en la educación permite analizar críticamente nuestra escala de valores: desligar el concepto de valor con la acumulación de bienes materiales o éxitos profesionales como garantes de la felicidad y  permite descubrir el significado del valor en sí mismo. Entre los valores más citados se encuentran amor por las personas con las que convivimos y el respeto ante toda forma vida. Enfrentarse a la certeza de la muerte  pone a prueba el valor de los proyectos de vida.

– Da sentido al compromiso y responsabilidad social: reconociendo la muerte en su más pleno sentido reconocemos la vida y el estar disponible al otro, nos invita a realizar acciones que contribuyan a aminorar las desigualdades, nos permite asumir nuestra parte de responsabilidad moral ante las injusticias y hacer con el otro en pos de un  mundo  más justo.

– Fomenta el pensamiento crítico, la capacidad de asombro, la decisión individual y por lo tanto la responsabilidad.

– Amplía el concepto de amor en la experiencia de acompañar y compartir con el otro los momentos difíciles, favorece la resignificación de las relaciones personales.

Contemplar el tema de la muerte en el aula, permite la emergencia de entornos propicios para  el desarrollo de una identidad crítica y reflexiva. Atiende las inquietudes y cuestionamientos de los integrantes de la comunidad educativa así como permite que las contingencias diarias se contemplen como experiencias de aprendizaje a través de las cuales favorecer el desarrollo integral del alumnado y la mejora de la convivencia en el contexto escolar.

Educar para la vida es educar para la muerte; la consciencia de la vida que entraña la consciencia  la muerte propia y  la de los seres que amamos  no se contempla entre las finalidades educativas, y más allá de esta evidencia, la resistencia que la comunidad educativa tiene a tratar el tema de la muerte en las aulas ha provocado que se ignoren y se oculten las experiencias que diariamente se dan considerando inoportunas las preguntas que giran en torno a la muerte cuando estas acontecen en el horario lectivo.

En la convicción de que la inclusión del tema de la muerte en la educación es, en definitiva,  educar para afrontar la vida, para disfrutar de forma responsable de las experiencias que de otra forma nos precipitan  en una espiral de sinsentidos, la educación para la muerte desde el ámbito de la educación emocional puede ser un medio a través del cual los fines de la educación se adecúen a la realidad de la práctica educativa.

Todo lo dicho hasta ahora nos lleva a concluir que la educación, en tanto en cuanto, persigue contribuir a la formación integral de la identidad de la persona puede y debe incluir la normalización de la muerte.