Didáctica de la Pérdida y el Duelo.

Si es de todos y todas consensuado que la educación obligatoria persigue entre otras metas el desarrollo integral del educando en todas sus dimensiones, ello debe incluir el conocimiento propio que permita descubrirnos, comprendernos y aceptarnos, así como descubrir, comprender y aceptar al otro; dicho de otro modo, orientar en la construcción de un sistema de valores que permita al discente dar sentido a su vida así como convivir en el respeto, la solidaridad y la compasión. Si tal premisa es asumida por la educación formal la muerte, como contenido y programación curricular, debería ser atendida en los planes educativos así como incluida en los programas de formación de los futuros docentes.
En nuestra sociedad, realidades propias de la condición humana como el sufrimiento, el dolor, la enfermedad y la muerte son, por un lado, negadas y ocultadas, cuando estas acontecen en el plano personal e íntimo de la cotidianeidad; y por otro, se han convertido en espectáculo e instrumento de control cuando acontece en el plano público, como podemos observar, por ejemplo, en la banalización del contenido violento que ostentan la mayor parte de los productos audiovisuales destinados a un público infantil y juvenil.
Encontramos que la muerte, el dolor y el sufrimiento están presentes en todos los días en nuestras aulas; son innegables las contingencias en las que irrumpe de una u otra forma en nuestra cotidianeidad y son fundamentales las estrategias que podamos ofrecerles a nuestros alumnos en el crecimiento ante la adversidad.
En la construcción del yo autoconsciente que nace desde las emociones, y que nos permite descubrirnos en relación al “otro”, la construcción de los vínculos y las habilidades de regulación ante las pérdidas, son la piedra angular en nuestro desarrollo madurativo.
La educación, en tanto en cuanto, persigue contribuir a la formación integral de la persona puede y debe incluir la normalización de la muerte. El respeto, la solidaridad y la cooperación son junto a la generosidad, la ternura y el compromiso, cualidades propias de las complejas relaciones que se dan entre las personas y que conforman, a través de la crítica y la autocrítica, la base del sentimiento humano del amor, pero es sobre todo la conciencia de finitud la que otorga profundidad a nuestros actos y da sentido a la vida. La atención al constructo de la muerte como contenido pedagógico en el aula favorece no solamente el desarrollo de la madurez personal del alumnado, sino que también, promueve la participación y mejora el clima en el aula.

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