Mes: mayo 2014

LA MUERTE EN LA CONSTRUCCIÓN DE LA IDENTIDAD PERSONAL. INTERVENCIONES EDUCATIVAS EN LA E.S.O.  

 

La muerte es el acontecimiento vital que determina nuestra concepción del espacio y del tiempo. La emergencia de la conciencia humana está ligada a la experiencia de la finitud y es la actitud que poseemos  ante la muerte la que define nuestra actitud ante la vida.

La construcción de la identidad es un proceso racional y emocional que se da en un contexto de interacción social. Los comportamientos, las actitudes, las conductas que cada grupo social muestra ante el constructo de la muerte influyen en la construcción de nuestra identidad, entendida esta como conceptualización del proceso de desarrollo humano que se inicia en la conciencia de nosotros mismos en un contexto social y cultural concretos.

La tesis a continuación expuesta parte del supuesto de que el tema de la muerte es eludido y ocultado en nuestra sociedad, y más concretamente, en el espacio del aula escolar. El afrontamiento de la pérdida y la preparación para la muerte no son percibidos como competencias a desarrollar entre los objetivos curriculares, ni la muerte ni el duelo son acontecimientos a tener en cuenta en el diseño y planificación de la programación educativa de los centros.

La presente investigación pretende apoyar los estudios precedentes que defienden la inclusión del tema de la muerte en el currículum oficial de nuestro sistema educativo. El valor formativo del constructo de la muerte reside en la influencia que la experiencia emocional de la pérdida ejerce en el desarrollo de nuestra identidad. Este estudio tiene por objeto analizar experiencias pedagógicas sobre la muerte con el propósito de elaborar una propuesta de intervención en el ámbito tutorial que favorezca la adquisición de competencias relacionadas con la muerte y el duelo, así como  fomentar la normalización del tema en el ámbito educativo formal atendiendo al  proceso de desarrollo de la identidad emocional del alumnado.

Dadas las limitaciones de la investigación, nos hemos centrado en la consecución de objetivos relacionados con el desarrollo de  estrategias hipotético deductivas en la comprensión emocional de la muerte y  la elaboración de la pérdida así como en la comprensión de la reactividad emocional que produce y la expresión canalizada de dichas emociones. Trataremos igualmente de observar  la relación que estas variables poseen respecto a la formación integral de la identidad individual del educando, así como la incidencia de la inclusión del tema de la muerte y el duelo en el clima de la comunidad educativa.

En el diseño de la investigación el enfoque cuantitativo y el cualitativo se complementan. Podemos diferenciar, respectivamente,  técnicas de investigación pertenecientes al análisis descriptivo así como técnicas de investigación pertenecientes al diseño fenomenológico y transeccional.

La parte cuantitativa está situada dentro de la tipología de los estudios no experimentales y descriptivos perteneciente a la investigación ex post facto, que se centra en  el análisis de fenómenos en los que los elementos configuradores ya se han dado y, por tanto, no podemos ejercer ningún control. Respecto a la parte cualitativa compartimos con los diseños fenomenológicos el objetivo de conocer las percepciones y significados que la población de estudio otorga, en este caso,  al concepto de la muerte, por lo que se hace indispensable la utilización de herramientas metodológicas que nos permitan observar a cada uno de los participantes como una entidad única enmarcada en un contexto de interacción concreto.

El proceso investigador se ha estructurado, a fin de comprender su desarrollo, en tres momentos distintos. El primer momento o fase se corresponde con el análisis previo del objeto de estudio. Para ello hemos realizado una exploración descriptiva  del tratamiento de la muerte en el contexto educativo con la finalidad de centrar los interrogantes  de la investigación respecto a las principales dificultades observadas por la comunidad educativa a la hora de introducir el tema de la muerte en el aula.

Realizamos una búsqueda y  análisis de la  bibliografía existente en lengua castellana e inglesa respecto a la muerte en la escuela y procedimos a explorar las opiniones, concepciones y experiencias de distintos agentes educativos. Comenzamos con el análisis de las opiniones y concepciones de dieciocho docentes en activo agrupados en  dos muestras: una con formación específica en la atención a la muerte y el duelo en el aula, y otra sin formación específica. Para ello utilizamos la entrevista y realizamos  el análisis del contenido con el propósito de comparar las respuestas.

Tras esta primera aproximación se aplicó un cuestionario, referente a la normalización de la muerte en la escuela, a noventa futuros profesionales de la docencia en distintas especialidades, igualmente y tras un análisis estadístico descriptivo procedimos a la comparación de las respuestas.

Una vez analizadas las conclusiones extraídas en éste primer momento, y apoyándonos en los programas y acciones pedagógicas previas relacionadas con la normalización de la muerte en la escuela, iniciamos la  segunda fase que se corresponde con la diseño e implementación de la Unidad de Trabajo denominada “la Muerte en la Construcción de la Identidad Personal” incluida en el Plan de Acción Tutorial del Instituto Tecnológico Príncipe Felipe. La intervención educativa en cuestión constó de cinco sesiones en las que  participaron un total de ciento treinta y cinco alumnos y alumnas.

La última Fase se corresponde con la evaluación de la propuesta de intervención. En dicho momento  procede  la comunicación y exposición de los hallazgos de la investigación donde se analiza la relación de los elementos teóricos y la interpretación de los resultados obtenidos con el fin de redactar una serie de conclusiones y consideraciones finales previa evaluación del proceso investigador, lo que ha permitido el desarrollo de una propuesta formativa de intervención didáctica para el año lectivo posterior que engloba el primer y segundo curso de la ESO con un total de doscientos sesenta y ocho discentes.

Siguiendo el diseño de investigación anteriormente mencionado en el capítulo III abordaremos los objetivos y la metodología de la investigación. En el capítulo IV ahondaremos en el diseño y la elaboración del proceso, justificando en cada uno de los casos la metodología y los instrumentos utilizados en el análisis de los datos. El capítulo V expone las bases teóricas en cuanto a la educación emocional y el tratamiento de la muerte en el aula. Se detalla, en el capítulo VI, el proceso de intervención educativa llevado a cabo con alumnos y alumnas del primer curso de la ESO. Los capítulos VII y VIII recogen el análisis y las conclusiones de los datos obtenidos a lo largo del proceso de investigación. En el capítulo IX se recogen futuras líneas de investigación, y el capítulo X queda reservado para la evaluación de la investigación.

La evaluación del programa permite concluir que se adecúa a criterios de pertinencia, viabilidad y calidad, según la opinión de expertos, no obstante es de la opinión de los participantes en la investigación de donde extraemos nuestra principal conclusión: la emergencia de nuestra conciencia se debe principalmente a nuestra capacidad para establecer vínculos afectivos y es gracias a la conciencia de finitud que el concepto de valor adquiere su pleno significado, sobre ambos constructos, amor y muerte  se construye nuestra identidad, la finalidad de la educación formal debe contribuir a este desarrollo, eso incluye la normalización del tema de la muerte así como la inclusión efectiva y afectiva de todos sus miembros.

Tras la intervención realizada con los alumnos del primer curso de la ESO del Instituto Tecnológico Príncipe Felipe podemos concluir que la concepción del constructo de la muerte no es inherente al ser humano y depende, al igual que la actitud ante la vida, de cuestiones vinculadas con la cultura  y el contexto político y social que  enmarca las experiencias de cada individuo.

En nuestro contexto inmediato la educación formal no comprende la muerte como contenido susceptible de ser tratado, dejando sin respuesta una de las grandes cuestiones que todo alumno y alumna se plantea, contribuyendo, cada vez más, a la concepción de la idea de lo humano desvinculada de una de sus principales cualidades, la finitud, y permitiendo que los valores personales que podemos extraer de tal acontecimiento sean sustituidos por los  interesados valores de una sociedad de consumo.

Entendiendo que la finitud es uno de los aspectos esenciales que nos confieren las razones lógicas y emocionales en la conservación de nuestra  integridad y la de los que nos rodean, esta premisa es,  además, la clave para poder trabajar todas las áreas trasversales de conocimiento. Por otro lado la muerte sin ser tratada de forma específica subyace, en opinión de los profesionales docentes, en los contenidos de la mayor parte de las áreas curriculares troncales.

Las conclusiones extraídas por los alumnos y alumnas participantes de las sesiones respecto al valor propedéutico de la inclusión del tema de la muerte en el currículum apoyan la afirmación que sostiene la hipótesis de investigación y se resumen en las  siguientes aportaciones entre otras:

– Tratar la muerte en la escuela permite reducir las respuestas de miedo y ansiedad en las conversaciones cotidianas respecto al tema. El miedo a la muerte es en definitiva temer a la vida, la percepción de miedo ante la muerte  desencadena reacciones como la huída o la evasión, o por el contrario, provoca la  parálisis ante la vida que nos queda, el que vive sin temer la muerte posee un horizonte donde vivir cada momento merece la pena.

– Incluir el tema de la muerte en la educación permite analizar críticamente nuestra escala de valores: desligar el concepto de valor con la acumulación de bienes materiales o éxitos profesionales como garantes de la felicidad y  permite descubrir el significado del valor en sí mismo. Entre los valores más citados se encuentran amor por las personas con las que convivimos y el respeto ante toda forma vida. Enfrentarse a la certeza de la muerte  pone a prueba el valor de los proyectos de vida.

– Da sentido al compromiso y responsabilidad social: reconociendo la muerte en su más pleno sentido reconocemos la vida y el estar disponible al otro, nos invita a realizar acciones que contribuyan a aminorar las desigualdades, nos permite asumir nuestra parte de responsabilidad moral ante las injusticias y hacer con el otro en pos de un  mundo  más justo.

– Fomenta el pensamiento crítico, la capacidad de asombro, la decisión individual y por lo tanto la responsabilidad.

– Amplía el concepto de amor en la experiencia de acompañar y compartir con el otro los momentos difíciles, favorece la resignificación de las relaciones personales.

Contemplar el tema de la muerte en el aula, permite la emergencia de entornos propicios para  el desarrollo de una identidad crítica y reflexiva. Atiende las inquietudes y cuestionamientos de los integrantes de la comunidad educativa así como permite que las contingencias diarias se contemplen como experiencias de aprendizaje a través de las cuales favorecer el desarrollo integral del alumnado y la mejora de la convivencia en el contexto escolar.

Educar para la vida es educar para la muerte; la consciencia de la vida que entraña la consciencia  la muerte propia y  la de los seres que amamos  no se contempla entre las finalidades educativas, y más allá de esta evidencia, la resistencia que la comunidad educativa tiene a tratar el tema de la muerte en las aulas ha provocado que se ignoren y se oculten las experiencias que diariamente se dan considerando inoportunas las preguntas que giran en torno a la muerte cuando estas acontecen en el horario lectivo.

En la convicción de que la inclusión del tema de la muerte en la educación es, en definitiva,  educar para afrontar la vida, para disfrutar de forma responsable de las experiencias que de otra forma nos precipitan  en una espiral de sinsentidos, la educación para la muerte desde el ámbito de la educación emocional puede ser un medio a través del cual los fines de la educación se adecúen a la realidad de la práctica educativa.

Todo lo dicho hasta ahora nos lleva a concluir que la educación, en tanto en cuanto, persigue contribuir a la formación integral de la identidad de la persona puede y debe incluir la normalización de la muerte.

El amor es, según Maturana, lo que nos constituye como seres humanos, la finitud lo que despierta nuestra conciencia. Recuperar la conciencia de finitud contribuirá a un desarrollo más equilibrado y armónico de la identidad y de las sociedades.